No vamos a ganarle al algoritmo
Carta abierta a docentes que me preguntan qué hacer con los celulares.
Querides docentes:
Voy a empezar por la verdad incómoda: no vamos a ganarle al algoritmo. TikTok tiene un equipo de mil personas optimizando dopamina por segundo. Ustedes son dos profes en un curso de treinta y cinco pibes con sueño. La pelea, en esos términos, está perdida desde el día uno.
Pero esa no es la pelea que tienen que dar.
La pregunta no es cómo competir con la pantalla, es qué pueden ofrecer ustedes que el feed no puede. Y la respuesta corta es: tiempo. Tiempo lento. El feed te da quince segundos por video, ustedes les pueden dar cuarenta minutos de presencia sin interrupciones. El feed te calla cuando bajás los ojos, ustedes pueden quedarse callados con un alumno y esperar que arranque solo. Eso vale más de lo que parece.
La segunda cosa que pueden ofrecer es contradicción. El feed te confirma. Vos podés discutir. Sin agredir, sin ganar; sólo poner en duda lo que ya está dado por hecho. Esa es una experiencia que un adolescente argentino promedio no tiene en ningún otro lado en su día.
Y la tercera es vergüenza positiva. No la vergüenza que humilla, la que ordena. Decirle a un pibe 'eso que dijiste me duele' tiene un efecto que ningún 'no estoy de acuerdo' del comentario de Instagram va a tener nunca. Porque al feed le da igual si lo ofendiste. A ustedes, no. Y los pibes lo saben.
No es magia. Es lento, es repetitivo, no se mide en likes. Pero funciona. Lo veo cada vez que vuelvo a una escuela donde estuve hace dos años y un alumno me viene a decir: 'aquella charla me cambió'. No me la cambié yo. Se la cambiaron ustedes, todos los días desde entonces.
Gracias por seguir ahí.
“La pregunta no es cómo competir con la pantalla. Es qué pueden ofrecer ustedes que el feed no puede.”
— A.O.